Artículos de Prensa


... Colgados de unos hilos invisibles, unas barras de acero obstruyen el espacio y parecen flotar en el aire, instaurando un verdadero volumen, una profundidad, un espacio en tres dimensiones. Dos generaciones se siguen: Philippe Tréhet primero, con su solo, encarnando la experiencia, el peso de la vida; después, ocho bailarines que representan la juventud.

Alineados frente al público expuestos en haces de luz, los cuerpos se violentan, descubriendo la vida y sus gozos, sus penas y sus desilusiones. Poco a poco el espacio se libera, la jaula se abre, los barrotes desaparecen y el movimiento se hace mas fluido. El gesto parece guiar el pensamiento, y los bailarines, todos excelentes, salen de su soledad para formarse poco a poco en parejas, y cual autómatas que le cogen gusto a la vida, llevan la relación hasta su paroxismo.

... La interpretación es particularmente conmovedora. Yoona Crals, Dorian Cretey o incluso Patrice Leroy sorprenden en cada minuto y hacen estallar el talento del coreógrafo y su obra profundamente humana. La mano dirige el movimiento que parece, como un flujo rápido, liberar todo el cuerpo al compás de un conjuro obsesivo y casi alucinatorio. Así es “Trahison*”, una obra que hechiza y se hace sentir profundamente.

Philippe Tréhet tiene una sólida preparación. Discípulo del método Graham y de Alvin Nikolaïs, crea para el NDT de Jiri Kylian, el San Francisco Ballet, la Opera de Varsovia y de Méjico.

Durante su residencia en Saint Quentin en Yvelines, tendremos la ocasión de seguir una trayectoria que nos reservará, sin lugar a dudas, maravillosas sorpresas.

Jérôme Frilley



Solo autobiográfico, "La Cage**" marca el regreso de Philippe Tréhet a los escenarios, tras dos años consagrados a la creación coreográfica y a la dirección de su compañía. Puñales de luz agujereando la sombra encierran al bailarín, el encarcelamiento. Buscando una salida, se bate, rueda por el suelo, corre por todos lados. Gestos locos, alucinados y suplicantes de un hombre atrapado. Coreógrafo expresivo, sin momentos aburridos, inspirado por la angustia, el miedo, las decepciones, la indignación (las del creador y las del hombre herido) Una obra fuerte, turbadora …

Jaquemine Guilloux







¿De donde sacan esa fuerza, esa potencia que conmueve desde el primer instante de cada uno de sus espectáculos? Desde 1988 obtienen los primeros premios de los concursos donde se presentan, entre otros el Premio Especial del Jurado en el Concurso Internacional de Danza de París en 1989, el Primer Premio en el Concurso Internacional de Cronningen al año siguiente y en 1993 el de Tokio. Cada nueva creación resulta un impacto. Posiblemente porque describe los tormentos del alma humana, puede que porque la muerte esta casi siempre presente en sus obras. La "Cage**" y "Trahison*" no escapan a esa regla. La primera de estas dos obras, una creación, es un solo autobiográfico, preludio de la segunda. El telón se levanta sobre un hombre rodeado de barras de acero enredadas, que parecen querer, al mas mínimo tropiezo, abatirse sobre él como accionadas por una maquina infernal. Esto evoca claramente al matorral ardiente querido de los románticos y que el Príncipe deberá atravesar para despertar a la Bella, pero también a todos los peligros que cubren y aguardan a un hombre solo ante su destino. Es tan solo al vencer su miedo y al adquirir los gestos correctos que conseguirá salir de apuros y sobrevivir. No debemos asombrarnos al asistir a una atormentada danza, carrera desesperada contra la muerte, plagada de intermedios más tranquilos que le permitirán forzar el destino. Los movimientos son violentos y potentes, chocantes pero bellos pues son directos y justos, sin ornamentos ni rodeos.

Creada en noviembre de 1998 en Le Havre, "Trahison*" que le sucede, es de idéntica factura. Construida para ocho bailarines la obra se podría resumir finalmente en un dúo que exacerba los sentimientos, animando a los dos ejecutantes, Yonna Crals y Patrice Leroy, mientras que los otros seis bailarines están ahí como leivmotiv, como tela de fondo, multiplicando la potencia de ese dúo de una fuerza inconmensurable. Si la danza aparece viva, es para resaltar la ternura que brota por todos los poros de la piel y la fuerza del amor que la anima. La coreografía, sensual y original, es a veces bestial, incluso cercana a las artes marciales aunque impregnada de generosidad y bondad, dejando de todas maneras un gusto de desesperación. La obra se acabará con la imagen de la muerte que vendrá tres veces para abatirse sobre la pareja adormecida en su felicidad.

Jean-Marie Gourreau







Es esa lenta evolución, ese resurgir de las tinieblas hacia la luz, desde la profunda desesperación hacia el reencuentro con las ganas de vivir, que expresan los bailarines en sus movimientos... Con la música repetitiva y obsesiva de Jean-Jacques Schmidely, los miembros de los bailarines se tuercen de dolor, los interpretes simulan una tras otra la perdida del uso de un brazo, una pierna, imágenes impregnadas de un sufrimiento contenido y de una violencia casi inaguantable, recobrando rápidamente la felicidad que proporciona el movimiento y el placer de bailar, solo o en pareja, con fusiones desenfrenadas que expresan el triunfo de la belleza y del amor compartido, de la vida sobre la muerte...

Bernard Perrot



El trabajo de la compañía esta perfectamente acabado, música obsesiva y alucinatoria, luces cuidadosamente realizadas presentando unos cuerpos a la vez disformes y majestuosos. La interpretación es profundamente conmovedora...

François Hauguel



Sobre las sombrías vibraciones entrecortadas por músicas repetitivas y ecos latinoamericanos, el coreógrafo de Le Havre demuestra un notable sentido de la imagen y de la luz, y compone estupendos frisos de claroscuro. La compañía se compone de cuatro hombres y cuatro mujeres tan enérgicos como elásticos. La escritura es estática o vehemente, a veces desesperada. Los movimientos de conjunto están determinados por un perfecto sentido del estetismo y el equilibrio...

René Sirvin



Solo autobiográfico, "La Cage**" es una especie de coda de "Trahison*" y esto aunque se nos dé como introducción. Movimientos de brazos extremadamente rápidos y virtuosos, encadenamientos fluidos con transiciones imperceptibles: Philippe Tréhet nos da una impresionante demostración de sus cualidades de bailarín – coreógrafo. Sin transición, ocho bailarines, aislados, expuestos crudamente a la mirada del público, rodeados por haces de luz en un decorado de metal mas bien frío, parecen debatirse, presos de su propia voluntad. ¿Como conjugar poder y querer sin... traicionar o traicionarse? Los gestos que lo dicen son potentes y "Trahison*" arranca con fuerza. Alcanzamos su paroxismo en los primeros minutos...

Agnes Izrine