Artículos de Prensa


Fue a raíz de una gira por Japón y Vietnam que Tréhet siente la necesidad de coreografiar las fuertes impresiones recibidas durante ese contacto con el Extremo Oriente. Al igual que para muchos occidentales, la cultura asiática le supone un verdadero choque de culturas. Impresionádo y seducido por el comportamiento tan diferente de sus gentes, sus reacciones, su relación con la naturaleza, con el tiempo, la vida, lo sagrado. Los espectáculos tradicionales que vio en estos dos países impresionaron profundamente su sensibilidad, tanto por su relación estética que por la manera en la que los bailarines utilizan sus cuerpos.

El título "Jardin du Silence*" evoca para él un cementerio "una manera poética de designar este lugar, pero sin esa connotación lúgubre" precisa. "Es una obra de sensaciones donde intentamos hacer sentir el calor tropical, el monzón, con danzas ligeramente inspiradas de las danzas tradicionales, de sus ritos." Este jardín también está habitado por fantasmas, los bailarines llevan entonces unos sombreros cónicos con flecos que ocultan sus caras y los transforman en criaturas misteriosas, como venidas del más allá. En un ritmo mas bien lento, con una música repleta de sonidos reales grabados, ruidos de naturaleza y voces de niños vietnamitas cantando, los bailarines se desenvuelven sobre una trama nada narrativa pero a la vez evocadora de todos estos universos. La grabación eléctrico – acústica está realizada por Jean Jacques Schmidely, los extractos de música instrumental que la puntúan están escritos por Romain Ponsot. Lugar simbólico, intemporal, este jardín es una especie de refugio para la meditación al margen de la ruidosa civilización de la que solo nos llega un ligero eco. Sin la voluntad de comunicar un mensaje social o político, esta obra desea ser sobre todo una meditación sobre lo que nos puede aportar el descubrimiento de las diferencias entre civilizaciones, y esto de manera muy púdica, muy dulce.

Gérard Mannoni







El tiempo está en suspensión. El ritmo de los bailarines, muy lento. La música brota El público se deja invadir por la dimensión sagrada del espectáculo (...) Si el ambiente es exótico, la coreografía es contemporánea (...) Los bailarines son extraordinarios. En cuanto al decorado, representando unos conos, dejan libre imaginación a la pureza emocional (...) Un momento de excepción...

Gérard Mannoni



Ir al centro de una ciudad, es encontrar la "verdad" social, es participar a la estupenda plenitud de la "realidad"

Roland Barthes



Una obra que llama a la contemplación (...) Las figuras se siguen, los movimientos se efectúan con lentitud (...) El ritmo del que toma tiempo en escuchar simplemente el silencio del otro (...) En este "Jardin du Silence*" no hay siquiera sitio para los movimientos impetuosos, bruscos y muy rítmicos, tan frecuentes, demasiado frecuentes sin duda en la danza contemporánea. Puesto que Philippe Tréhet es ante todo un poeta...

Wilfrid Joly