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Creaciones

 
Este jardín es el centro de un mundo, de una ciudad. Un centro vacío, apacible, silencioso, casi sagrado, donde aún tenemos la posibilidad de escuchar las resonancias de una sociedad ruidosa e inhumana, enferma.
Este jardín esta desligado de la religión, del poder, del dinero y de las palabras.
Es el templo – memorial del cuerpo.
La necesidad de crear el ‘’Jardin du Silence*’’ apareció hace unos diez años, al volver con la compañía de un viaje por Vietnam y Japón. El descubrimiento de esta región del mundo, de su cultura, de su filosofía, ha afectado mis percepciones profunda y duraderamente, ‘’hasta el punto de cuestionarme mis concepciones del lenguaje coreografiado y en particular las nociones mismas de desplazamiento, de posición en el espacio, de horizontalidad, de verticalidad’’ por lo que he querido naturalmente dirigir mi trabajo hacia esa dirección, absolutamente fascinado por esa manera tan particular con la cual la espiritualidad encuentra su expresión, en los actos y los gestos mas cotidianos de la vida.
La danza no ofrece las respuestas a las grandes preguntas metafisicas, pero al menos, ¿no nos da la posibilidad de trascender a la realidad, de dar cuerpo intuitivamente a los sueños, las emociones, los recuerdos; a desear con fuerza la resurrección poetica de las experiencias pasadas que continuan a ramificarse profundamente en nuestro presente ?
¿Que podemos decir de un jardín en el cual no se habla, en el cual escuchamos simplemente el silencio del otro para compartir lo que parece esencial en esta materia humana que es el cuerpo de una persona, su alma y su inteligencia ?
¿Que podemos esperar engendrar de esas múltiples soledades que se reúnen alrededor de un destino, que saben manejar las certezas ?
¿Que podemos pedir a un día a día que puede parecer a veces tan pobre, si no hacemos el esfuerzo de creer en el artista e incitar en nosotros mismos sus riquezas ?
Nosotros ya nos hemos paseado, los bailarines y yo, por ese jardín. No por mucho tiempo efectivamente, pero ha reforzado nuestra identidad.
Es por eso que deseo, siete años después de esta primera experiencia confidencial, recorrer de nuevo este espacio, invitándoles, muy púdicamente.
No esperen ver sino escúchennos bailar. Puede que caigamos en ustedes.
* El Jardín del Silencio
Philippe Tréhet

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